Lo que pasa en Cataluña (Parte 1)

Precinte urna

Detalle del precinto de una urna usada en el 1 de octubre (foto: David Ferrer)

La frase del título remite a unas declaraciones de 2016 —de infausto recuerdo— de la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, a una televisión de ámbito estatal (El Cascabel, de 13 TV), en las que exponía que llevaba escolta personal porque “ya sabemos qué pasa en Cataluña”. Sus palabras causaron cierto revuelo, y fueron muy comentadas en ámbitos periodísticos y políticos. Sin embargo, llegados ahora a la plena crisis estatal y europea por el caso de Cataluña, la pregunta que uno debería hacerse, de modo crítico, se ve con claridad: ¿de verdad, todo el mundo sabe lo que pasa en Cataluña?

Aclaro —vaya por delante— que mi intención no es, en modo alguno, evangelizar sobre la situación catalana, ni convertir a toda España en cómplice del independentismo catalán. Intentarlo sería ingenuo y, probablemente, contraproducente. Sin embargo, este artículo contiene unas cuantas reflexiones que, sin voluntad de exhaustividad, pretende hacer llegar unos puntos de vista que, quizás, los medios de comunicación españoles no transmiten a su público con la claridad que algunos desearíamos.

En efecto, —compartiéndolo o no— Cataluña se beneficia a partes iguales de los puntos de vista de los medios catalanes y de los estatales. Así, por lo menos, incluso el más independentista conoce qué se cuece en el resto de la península y ha escuchado los argumentos esgrimidos por la prensa españolista. En cambio, hay una sensibilidad muy importante en Cataluña que solo llega al resto de España filtrada por los medios de comunicación con sede en Madrid. Aún más, un reciente viaje al sur peninsular nos ha hecho constatar que hay hechos silenciados en España que, por algún motivo que se me escapa, no han llegado ni en su versión más sesgada. Es decir, “lo que pasa en Cataluña”, a veces, ni tan siquiera ha pasado.

  1. Jordi Pujol y el 3%

El día 25 de julio de 2014, el President Jordi Pujol confesó haber evadido, desde 1980, los impuestos equivalentes a un millón de euros de una herencia de su padre Florenci. A raíz de aquello, se destapó una trama —que todavía se está investigando— que supuestamente involucraba a la mayoría de sus hijos y a su esposa Marta Ferrusola. Posteriormente, se le buscaron ramificaciones en el asunto de las comisiones del 3 por ciento de las que, presuntamente, se habría beneficiado Convergència —su partido—. Hasta aquí, los hechos.

En cuanto a las reacciones, la confesión de Pujol conllevó una indignación absoluta entre el catalanismo, que se sintió estafado por una personalidad tan importante en la historia del país. Así pues, Cataluña despojó rápidamente a Pujol de todos los privilegios inherentes a su condición de expresidente (sueldo, despacho, etc.) y pasó a ser poco menos que un apestado por su partido —que se vio obligado a refundarse para huir y desmarcarse de su influjo—. Por la calle, prácticamente todo el mundo le trata de traidor y los catalanes lo tienen claro, incluso vulnerando la presunción de inocencia: Jordi Pujol debería pagar por lo que hizo.

Sin embargo, la opinión pública española parece regodearse en “el chorizo” Jordi Pujol para ofendernos, cuando, en realidad, los primeros indignados somos nosotros. Es decir, Cataluña es un territorio que ha dado totalmente la espalda a su President más longevo, y dista mucho de la imagen de un país corrompido por Pujol. Lo sabemos. Sabemos —o sospechamos— qué hizo Pujol y lo censuramos más que nadie. Curiosamente, mientras Cataluña desea que se esclarezca el Pujolgate, la justicia española parece tomarse su tiempo para juzgarle, por motivos, como mínimo, sospechosos de poco transparentes.

En cambio, la visión imperante —a juzgar por los medios españoles y conversaciones que hemos podido mantener— consiste en que la sociedad política y mediática catalanas están encubriendo a Pujol. Es una óptica absolutamente errónea: Pujol, precisamente, no pinta nada ya en Cataluña, y la ciudadanía no comprende la lentitud de la justicia para que se esclarezcan los hechos de una vez por todas.

  1. El imán de Ripoll

Con toda la cautela del mundo —no es cuestión de broma—, éste podría ser uno de los casos más negros de la relación entre Cataluña y España. Nos estamos refiriendo, lógicamente, a los atentados terroristas del 17 y 18 de agosto en Barcelona y Cambrils. La historia es tristemente conocida —16 fallecidos y 126 heridos—, pero contiene algunas lagunas que —parece— Madrid se resiste a investigar.

Eso es, la relación del cerebro de la operación —Abdelbaki Es Satty, el imán de Ripoll— con el CNI español. Según parece, como confirmó el propio servicio de inteligencia, el imán de Ripoll había sido su confidente a partir del 2015 “infiltrado en redes yihadistas, a cambio de la residencia y de una cantidad de dinero de los fondos reservados”, dicho por alguien nada sospechoso de antiespañolista como OKDiario. En cambio, en Cataluña surgió la duda de si Es Satty todavía era confidente en el momento de los atentados, y qué relación profesional existía entre el líder terrorista y el CNI. Desde entonces, el estado español se ha negado sistemáticamente a investigar dicha relación, como cuando ERC solicitó crear una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados.

Asimismo, la insistencia del gobierno español en tomar el control policial de Barcelona —que el Conseller Forn consideró innecesario—, la negativa de confiar el acceso de los Mossos d’Esquadra a la base de datos de la Interpol —potestad que sí que se otorgó a la policía vasca—, y la sospechosamente falsa nota que la CIA supuestamente había entregado a los Mossos —que la propia CIA negó haber remitido nunca a Cataluña—, que El Periódico publicó en los minutos inmediatamente posteriores (sic) a los atentados, generaron muchas suspicacias en la prensa catalana.

Lógicamente, no pretendemos levantar más sospechas de las que ya existen sobre un material tan sensible. Lo que sí denunciamos es que las dudas razonables que flotan sobre un caso tan sórdido no se las haya planteado como un casus belli la opinión publicada —la mayoritaria— en España. Nos hubiera gustado poder compartir nuestras inquietudes respecto a los atentados con el resto de pueblos de España. En cambio, del equipo que con éxito desarticuló la funesta célula yihadista tenemos ahora al presidente en el exilio, el conseller Forn entre rejas, y al Major Trapero degradado y acusado de sedición y pertinencia a organización criminal (sic).

  1. El 1 de octubre

No, no voy a hacer aquí ningún tipo de alegato ni elogio del referéndum no autorizado —por el ejecutivo español— sobre la independencia de Cataluña, ni entraré a comentar las cargas policiales contra ciudadanos indefensos y desarmados. Si saco el tema a colación es en referencia a una opinión que los medios de comunicación con sede en Madrid se encargaron de transmitir, en el sentido que “era posible votar varias veces en distintos colegios”. ¿Estamos ante de una verdad o una posverdad?

Para empezar, si la anhelada normalidad no pudo alcanzarse en la jornada electoral se debió, exclusivamente, al poder coercitivo del estado —violencia policial, sabotaje informático, amenazas de prisión, etc.— contra los intentos de la Generalitat de que la consulta popular discurriera con las suficientes garantías. Dicho esto, el aplicativo informático que se desarrolló con el ya célebre censo universal no permitía introducir los datos de una misma persona dos veces. Es decir, no se podía votar más de una vez. Quizás, excepcionalmente, debido a los repetidos cortes de las páginas web con el programa online de votación, algún colegio, en algún momento de la intensa jornada, tomó notas a mano —como se hace en las elecciones “de verdad” en España—. Si esto hubiera sucedido, el recuento posterior hubiera impedido técnicamente, por lo que acabamos de comentar, introducir un DNI duplicado en el sistema, por lo que el voto quedaría anulado (y se hubiera extraído de la urna un voto al azar, como se hace siempre en unos comicios).

Mòbils 1O

Móviles el 1 de octubre: la aplicación informàtica usada, antes y después de un sabotaje de la Guardia Civil (foto: David Ferrer)

De hecho, el 1 de octubre, según el recuento oficial, hubo 2,2 millones de votantes, de los que 2.020.144 (90,09 %) fueron favorables a la independencia, mientras que en las pasadas elecciones a la Generalitat —impuestas por el 155— del 21 de diciembre del 2017 hubo 2.079.340 votos pro-secesión (curiosamente, ha sido imposible hallar este total en ningún medio de obediencia española). Es decir, hubo, incluso, 59.196 votos independentistas más que en el 1 de octubre. Estas cifras, por consiguiente, desmontarían absolutamente la idea peregrina del voto múltiple del 1-O. Paradójicamente, de esta correlación no se habló en los medios españoles, y ningún tertuliano enmendó sus acusaciones previas tras las autonómicas de diciembre.

  1. Resultado electoral del 21 de diciembre. Apoyo al independentismo

Ya que viene al caso, este punto es fácil de exponer: los resultados de las elecciones que M.Rajoy impuso, a partir de haber tomado en control de Cataluña en una discutible aplicación del artículo 155 de la Constitución española, dieron una clara victoria al independentismo. En efecto, el hecho de que la lista más votada fuera la de Ciutadans es meramente circunstancial —los integrantes de Junts pel sí habían concurrido esta vez con listas separadas, para unirse de nuevo tras los resultados— y anecdótica.

El recuento relevante es el que suma 70 escaños independentistas, 57 unionistas, y 8 no alineados —Catalunya en Comú Podem explicitó en campaña que no se los contara en ningún “bloque”, e incluso la prensa española los “acercaba” a los independentistas, y cuentan en sus listas y votantes con independentistas y unionistas. Claro está, a la prensa española post-elecciones le faltó tiempo para incluir perversamente a los comuns entre los unionistas, en un acto contradictorio con el mensaje que habían esgrimido en campaña Ciutadans, el PP y prensa la afín, según los cuales la formación morada asumía “el marco de los independentistas”.

bbc

Gráfico ilustrativo de la cadena BBC en la que se ve como no consideran Catalunya en Comú-Podem com alineados con ninguno de los dos bloques mayoritarios

Por si hubiese alguna duda, qué mejor que recurrir a la prensa extranjera para hallar una prueba fehaciente de alguien capacitado —sin contaminaciíon partidista alguna— para entender que los comuns no deben alinearse con ninguno de los dos bloques que, se quiera o no, existían con nitidez en las elecciones. Para ejemplificarlo, nada mejor que la siempre moderada BBC británica, en la que, tras el 21-D, exponía los resultados en este sentido. Por lo tanto, el relato que el unionismo supera al independentismo en Cataluña, tan en boga en la opinión pública y publicada española, se cae a pedazos (BBC dixit).

*Existen, lógicamente, muchos otros casos para desvelar a quien tenga ganas de leerlo. En unos días, pues, a este artículo le seguirá una segunda parte con más temás que quizá hayan pasado desapercibidos en España. Por ejemplo, por que Puigdemont no es “un fugado de la justícia”, el decreto que el gobierno español introdujo con celeridad para facilitar que las empresas pudieran mover su sede social de Cataluña, la violencia españolista de ultraderecha desenfrenada en Cataluña, la “invitación” a Puigdemont a presentarse a las elecciones del 21-D por parte del gobierno, que no es cierto que Roger Torrent se negase a presentar a Arrimadas a la presidencia, o que en el extranjero nadie “mueva un dedo” a favor de Cataluña.

6 pensaments sobre “Lo que pasa en Cataluña (Parte 1)

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